Espiritismo: matriz del nuevo paradigma
La revelación espiritista surge en 1857 como escuela de pensamiento universal y ciencia espiritual. Es el código de vida superior que nos invita a ir más allá de los límites de la cultura tecno-científica actual y de los dogmas religiosos del pasado. Proporciona al hombre la conciencia de su identidad real (cuerpo-mente-espíritu), y por lo tanto, el tan necesario encuentro consigo mismo... y con los demás.
29/1/12
27/1/12
RELIGARE
Todos sois hijos de la luz e hijos del día. No somos de la noche ni de las tinieblas
(Juan)
El etnocentrismo, como forma de prejuicio, es inherente no solo al sentir religioso, sino también al político, científico y al social en general. Este rechazo a lo diferente emanado de las religiones institucionalizadas en general, y la Católica en particular, unido casi siempre al afán de hegemonía (tan alejado y opuesto al de los entes humanos y/o espirituales que los inspiraron), ha dejado una triste y marcada huella en el devenir histórico del hombre.
Sin embargo, es justo convenir que no solo el fanatismo religioso ha sido obstáculo en el proceso de elevación de la criatura humana, pues la soberbia y el ostracismo cultural- materialista surgido más tarde por parte de la ciencia, también ha contribuido al proceso de obnubilación interior que como individuos y sociedad arrastramos. Las teorías negacionistas surgidas de las Academias han reforzado este mecanismo de fuga (de nuestra realidad esencial) y aportado su parte al hombre, incapaz de percibirse como ente espiritual y no sólo fenómeno biológico.
Aceptémoslo desde la compresión libre de prejuicios y sistemas: el absolutismo religioso y el materialismo cultural se han erigido como fuerzas contrarias y/o entorpecedoras de la evolución humana, una tendencia tan característica del paradigma que se desmorona tras siglos de pervivencia.
Aunque Religión y Ciencia, como fuerzas institucionalizadas, han tenido y tienen determinados papeles que resultan acertados o útiles dentro del organigrama social, ninguna de las dos han percibido el hilo luminoso que une todos los credos y las culturas (exceptuando, claro está, aquellos individuos y movimientos desde ámbitos no oficiales).
En cualquier caso es irrefutable que durante más de mil años, el absolutismo católico (que en poco tiene que ver con el cristianismo verdadero) ahogó el mensaje sencillo y liberador del Nazareno dentro del fastuoso aparato organizador de la Iglesia, siendo en realidad apenas un mero cambio de “vestuario” que supuso pasar de la pompa de los césares romanos a la de los papas. Distintos disfraces y un mismo propósito: la manipulación y el poder. Su pretenciosa declaración de ser la única vía de salvación, hizo aguas por si misma al apartarse de toda recomendación crística y unirse a los poderes mundanos que representaban los intereses del Estado, en lugar de aliarse con las necesidades del corazón humano.
Es normal que en los siglos posteriores, la religiosidad limita y utilitarista de la curia católica, ya algo agotada en sus pretensiones y excesos (a golpes de liturgia exterior y escasa iluminación interna), se fuera apagando, y con ella, el respeto-temor que ejercía en las conciencias, especialmente a partir del periodo de la Ilustración y definitivamente con los efectos de la Revolución francesa. A la sed ciudadana de justicia social, se une el deseo de reivindicación de la espiritualidad intrínseca en cada individuo, y la necesidad de canalizarla no ya mediante los estamentos de un dogmatismo impuesto, sino a través de la experiencia personal.
Primeramente dentro del anonimato de sociedades secretas, la necesidad de espiritualidad no queda satisfecha tan solo con las aportaciones naturalistas del positivismo del s. XIX, y esto lleva un siglo más tarde (amparados por escenarios ya en su mayoría democráticos) al encuentro de la filosofía proveniente de las fuentes orientales, que preservaron la capacidad de transformación y desarrollo espiritual como fin último, algo muy diferente a la manipulación secular occidental del pontificado romano.
Buda y Lao Tse resaltan la no-dualidad (conexión de todos y el Todo) y la práctica de la gimnasia mental; Jesús enfatiza el amor al prójimo y con esto la práctica del perdón. Las dos vías representan el punto de inflexión necesario que conduce a la liberación y el auto-encuentro de la humana experiencia.
Pese al natural acercamiento a la religiosidad de oriente, el mensaje del Cristo sigue siendo la más depurada expresión de espiritualidad humana, universal e intemporal; por esto, a mediados del XIX, la Revelación Espiritista reivindica los valores del cristianismo primitivo mediante el mensaje de los Espíritus. La doctrina codificada por el educador, hombre de ciencia y humanista Hippolyte Denizard Rivail (más tarde con el pseudónimo de Allan Kardec), surge como la enseñanza genuina, limpia y trasformadora, ajena a cualquier forma externa de religiosidad y sin necesidad de ninguna iglesia que la represente que no sea el templo de la naturaleza y el corazón humano.
21/1/12
ENFERMEDAD (...O NO)
Vivimos una época particularmente hiperactiva inconstante y febril, y esto vale igualmente para el ámbito de la salud y los teóricos que la enfocan. Cada día surgen nuevos traumas, nuevos síndromes y nomenclaturas. Por pura estadística, a la fuerza todo individuo de a pie sería extraño que no tuviese uno o algunos de ellos. Parece que se pone más énfasis en añadir y retocar nuevas afecciones que en paliar las existentes. En este paroxismo cientifista surgen cada día nombres y siglas nuevos, de tal forma que podemos hablar abiertamente de cuales son los que están de moda; como el TDHD, el TOC o el TMD. Y estas nuevas nomenclaturas van acompañadas (como no podía ser menos) por sus correspondientes fármacos, la mayoría de más que dudosa o incluso abiertamente nociva efectividad. Para algunos pensadores (científicos o no) no son más que "superestructuras culturales pseudociéntíficas" que impiden que el psiquiatra se siente en el lugar del paciente y se mire a si mismo más allá de los laboratorios farmacéuticos (de hecho, hay quien receta a diario tal o cual tratamiento, pero que en cambio, se lo pensaría dos veces si fuera destinado a sus propios hijos).
En unos servicios sanitarios cada vez más privados y elitistas, es común sistematizar presuntos “síntomas” y/o desequilibrios, en un afán por crear “pacientes”...que en la práctica es crear “clientes”. No todos los profesionales actúan así, pero tampoco vamos a ser ingenuos y obviar que es el mercado quien manda.
No es dopando el S. N. Central a base de ansiolíticos que vamos a solucionar el conflicto, tan solo enmascaramos los síntomas, incluso puede que realmente enfermemos a la persona a golpes de quimismo. Puede que esto pueda considerarse “científico”, pero se trataría de una ciencia estandarizada, notablemente limitada y abiertamente subordinada a los intereses del sistema de salud y la industria farmacológica.
Sería mucho más “científico” recurrir a una terapia cognitiva con apoyo multidisciplinar, cubriendo el aspecto de socialización sana , al auto-encuentro y auto-desarrollo (aceptación, autoestima, etc), porque, precisamente, si estamos hablando de un problema mental o psico-emocional, más que nada estamos habando de un desajuste espiritual de base... algo que no va a solucionar jamás la psiquiatría (por sí sola, queremos decir), sino recurre al mismo tiempo a un tratamiento global, multidimensional.
Los médicos, como también los jueces y los maestros, pero sobre todo ellos, tienen mucha responsabilidad espiritual...una vez agotada esta existencia, mucho se les pedirá en la otra, sobre todo por su misma conciencia*, porque nunca es casual que se hayan decantado por esta profesión (de la que tantas criaturas dependen para su felicidad y/o equilibrio) y no por otra.
Una cuidadosa y programada elección de ocio y tiempo libre, buscar tiempo para practicar hobbys que el paciente guste, como hacer cosas nuevas: baile, talleres de desarrollo personal (yoga, etc), viajes... así como el apoyo de la filosofía y/o el cultivo de la propia espiritualidad pueden ser elementos clave para otorgar la curación, porque no todo se reduce al acto de tomar un medicamento (solución inmediatista), sino también y al mismo tiempo cultivar el interior, que tiene un efecto más duradero que aquel que aporta la sola atención primaria de los servicios de salud (pública o privada).
Como espiritualistas y estudiosos de la ciencia espiritual que el Espiritismo proporciona, afirmamos abiertamente que hay vida más allá del DSM (Manual Diagnóstico y Estadístico de los Trastornos Mentales).
Los psiquiatras deben tener en cuenta a la hora de tratar a sus pacientes, en una sociedad globalizada, donde hay diversos tipos de fe y culturas, que las creencias religiosas de éstos condicionarán sus síntomas y, también, su respuesta a los tratamientos que se les encomienden (como muchas investigaciones a lo largo del mundo lo demuestran).
La diferenciación entre síntomas psiquiátricos y experiencias religiosas puede estar condicionada por prejuicios del contexto social (que influyen igualmente al medio científico y profesionalizante). La psicopatología fenomenológica puede ser un instrumento útil para diferenciar los estados patológicos de la experiencia espiritual normal. La relación entre las neurociencias y el estudio de los fenómenos religiosos y espirituales es prometedora y muy reciente, un fascinante como necesario reto para la psiquiatría del siglo XXI.
El famoso DSM-IV de la (American Psychiatric Association, 1994) incluye una nueva categoría diagnóstica que incluye problemas religiosos o espirituales, con el objetivo de cambiar la tendencia de los profesionales de la salud mental a ignorar o convertir en patológico problemas espirituales.
La aproximación Aristotélico- Tomista se convierte en prácticamente un monopolio del pensamiento Católico hasta los años 60 del siglo XX. Se puede comprender que las ciencias empíricas quisieran diferenciarse de la tradición teológica secular, que tanto atrapó el pensamiento y la libertad del individuo y las sociedades, por eso, a manera de autoafirmación, y de una forma dialéctica rechazan y descalifican las creencias religiosas. De aquí Freud y su famosa consideración de la religión como una obsesión universal, que junto a la elevación del paradigma positivista a la categoría de dogma, conformaron quizás una visión irracional y negativa de la espiritualidad en el contexto de la psiquiatría occidental, como expone José Antonio García Vázquez: “Psicopatología y espiritualidad” (Informaciones Psiquiátricas - Tercer trimestre 2007. Número 189)
Ana Gabriela Brienza (Uruguay), afirma en “Matemáticas aplicadas a la vida real” (un material que ha sido declarado de interés por el Ministerio de Educación y Cultura de su país), que es factible encontrar un concepto matemático de Dios. <<No puedo considerar que la mía sea una demostración empírica de la existencia de Dios, pero sí puedo asegurarte que la idea de que "Dios no existe porque nunca nadie lo vio", ha dejado de ser valída.>>
Maslow hablaba de satisfacer nuestra necesidad de trascendencia y opinaba que esta parte espiritual o valorativa es parte de nuestra biología. Es imprescindible que los terapeutas y profesionales de la salud del s. XXI comprendan y asimilen lo acertado de satisfacer estas "meta-necesidades" ( que, en realidad, es paralela y no posterior a la búsqueda de satisfacción de nuestras necesidades básicas).
La versión convencional que tenemos sobre la herencia genética ya fue superada desde el Proyecto Genoma Humano a principios de los 80,s y las investigaciones posteriores del reconocido Doctor en biología celular Bruce H. Lipton, pero, sin embargo, es la que todavía se enseña en las escuelas (es decir, que asimilamos desde pequeños aquello del control humano por los genes). Pero esto no es así, como defiende y publicó Lipton innumerables veces. Los nuevos mecanismos revelados por la nueva rama científica conocida como “control epigenético” (epi, “por encima” en griego), nos dice que la vida está controlada por algo por encima de los genes. Nuestra mente, conducta y el ambiente externo pueden modificar la carga genética.
Dice la psicóloga M. Bailey Jáuregui en su: “Humanismo y espiritualidad puestos al día”: <<el humanismo actual intenta aliarse con esta luz para con ella limpiar todas las pautas de detenimiento, patologías, neurosis o problemas en la vida del sujeto. Sabemos que en la medida en que el sujeto esté en contacto con su espiritualidad, su luz, tiene más posibilidades de ser feliz y sano. Lo que nos enferma en cualquier sentido tiene que ver con algún nivel de desconexión con esta sabiduría innata>>
<<En el DSM-IV ya aparece una nueva catalogación diagnóstica referente a lo religioso o espiritual, lo cual nos habla de que el "status quo" tradicionalista ya están asumiendo estos temas, ya no están arrumbados en el desván de lo sobrenatural (Brennan). En la psicoterapia humanista y transpersonal seria, se respeta profundamente a los sacerdotes, gurus, maestros espirituales, chamanes, etc. y no se pretende sustituirlos, porque sabemos que todos los caminos van y vienen de Roma>>.
Se hace acuciante ante la nueva cosmovisión y realidad del ser humano de hoy, depositar nuestras miras más allá del estrecho campo de visión del establishment terapéutico. Estamos demasiado condicionados y dependientes del concepto de salud y esto hace que busquemos en el inmediatismo químico la solución a nuestras carencias o desarreglos, obviando el potencial interno que todos traemos. La realidad de vernos como seres de luz en tránsito por la experiencia humana, hace que los menos “aborregados” se acerquen al sagrado poder que subyace en el ser humano, este poder nos devuelve la visión de que somos seres con poder de co-crear nuestras realidades personales y sociales, que hay otras posibilidades, otros caminos aparte de entregarse sin más al sistema. En la medida que las personas retoman su responsabilidad consigo mismos (su poder), actúan.
Según Rollo May lo que nos sostiene es el amor (o su búsqueda) lo que nos empuja hacia una nueva dimensión de la conciencia, ya que ésta está originalmente basada en la experiencia del plural, del nosotros, del origen.
Hoy, en medio de este cambio y/o integración-desintegración de estructuras psico-culturales que anuncia un orden nuevo de cosas, sería de descuidado comodismo o profesionalidad rancia el que estos temas no sean tocados en terapia.
* Ya sabemos como marca y determina en el en el Más Allá el peso de una conciencia herida...
20/1/12
UNA LUZ NUEVA
La física trascendental que emana de lo cuántico...las aportaciones de la psicología transpersonal... la nueva espiritualidad centrada en el despertar de conciencia, más que en los dogmas y cultos externos... los éxitos editoriales y cinematográficos enfocados a la existencia de los espíritus y las personas que pueden establecer contacto con ellos... las paraciencias entrando en la consideración de ciertos sectores de la medicina, etc, etc. Parece que una voz inarticulada e inmemorial va abriendo y cubriendo espacios de la vida cotidiana hasta hoy insospechados; una voz que nace del infinito y, al mismo tiempo, llega como un eco a los corazones humanos; una voz a menudo silenciada, demonizada e incomprendida a lo largo de los tiempos. Quizá ya iniciamos la andadura de lo que será el paradigma venidero (aunque ya intuido); aquel que superará las viejas estructuras materialistas representadas por la cultura instrumental (casi siempre influida por el capitalismo y/o las ideologías negacionistas de ciertas élites); aquel que abordará otros campos hoy rechazados por la ortodoxia oficial y planteará otros a partir de nuevos (y necesarios) modelos organizativos más integrales. Un paradigma sensible a la apertura de una nueva cultura que, ahora sí, considerará el factor espiritual como parte inseparable del engranaje humano.
* * *
La ciencia que muchos intuyen y que todos necesitamos
Transitamos por una época conturbada (sobretodo a nivel ético-moral y expiatorio), aunque, al mismo tiempo, profundamente enriquecedora en términos de transformación social y renovación espiritual. Navega el hombre de estos azarosos días dividido, a veces profundamente escindido, entre sus dos realidades: su Yo-real (espiritual y eterno) y su Yo-apariencia (material y efímero)... Al mismo tiempo, en el entrechocar de las dos concepciones del ser y los destinos, recordamos los espiritistas la sabiduría y la previsión que tuvieron los Guías invisibles de la humanidad al colocar la alianza de la ciencia y la religión, como una de las propuestas de la doctrina codificada por Allan Kardec hace casi dos siglos. Hoy, esta apuesta superior de la que estamos hablando, la vemos más necesaria que nunca ante el derrumbe de los viejos esquemas que desde hace lustros viene conduciendo el pensamiento occidental. Época a veces terrible la nuestra, pero que sin duda guarda en si el resplandor y la belleza de un nuevo tiempo que se desplegará en el porvenir inevitable.
Navegamos la mayoría de los hombres, colectivos y países profundamente adormecidos por las consignas del consumismo atroz y la cultura de superficie (materialista) al servicio del poder que, sin percibirlo, nos va introduciendo en un estado que podríamos definir de “autismo” espiritual. Si en el pasado campeaba victorioso el fanatismo religioso a los que todos los poderes obedecían, hoy, ese lugar parece haber sido tomado en parte por el absolutismo cientifista que campea rimbombante en todas las áreas y al que se acude como poderoso elemento persuasivo (como el sexo) a la hora de vender todo tipo de productos que quizá contribuyan a hacernos más atractivos, más modernos, etc., pero resultan estériles a la hora de llenar el vacío interior, acercar a los hombres o librarnos de los abusos y el sufrimiento.
Hacia un paradigma integrador
¿Qué cambia en lo profundo que la manipulación esté a cargo de las castas sacerdotales o de las jerarquías culturales al servicio de las políticas tecno-científicas (cuyo fin principal al fin y al cabo es el comercio)? Ambas propuestas han demostrado su incapacidad para contribuir a una humanidad mejor... seguramente porque ambas, ya sea desde el púlpito de las iglesias o desde el de las academias, están inclinadas más a la satisfacción de sus intereses que al desarrollo potencial de los individuos y las sociedades.
La hombre le cuesta trabajo percibir su auténtica realidad extrafísica, aquella verdad oculta e intemporal que le dice desde lo profundo que es un ser inmortal, y que estamos todos destinados al crecimiento constante y al desarrollo de nuestra plenitud a lo largo de los entreactos existenciales que denominamos “vida”. No lo tenemos fácil, puesto que el entorno socio-institucional y el mismo sistema se organiza de tal manera que obstaculiza la visión interior de nuestra naturaleza eterna, aquella más global y liberadora... la única que nos capacita para ver más allá de las apariencias.
Todas las enseñanzas de los grandes Maestros e iluminados de la historia: Khrisna, Buda, Jesús... no tenía otro propósito que la de descubrir al hombre su auténtica realidad como ser eterno en busca de la luz y el conocimiento; al mismo tiempo que (como es el caso concreto de la doctrina espiritista), señalar los senderos que nos conducen los unos a los otros como miembros de la gran familia universal.
Resulta complicado mirar con ojos espirituales la (aparente) realidad de cuanto nos rodea si antes no nos desprendemos de los añadidos culturales erróneos, así como de la perspectiva limitada de nuestra mente condicionada. Lo que llamamos realidad es sólo un aspecto de lo real... y lo real se expresa en múltiples coordinadas que, a menudo, escapan a nuestros limitados sentidos.
Nosotros mismos, tal como nos observamos cada día en el espejo, sólo somos una proyección celular de nuestro espíritu; el Yo real o potencia eterna.
La tecnología, lo planteamientos democráticos, etc., nos ayudan en el proceso de avanzar, pero no van más allá... Hay un paso que sólo puede darse desde el espíritu, desde el cambio conciencial. Podemos alcanzar el simún del desarrollo tecnocientífico y esa parte nuestra permanecer huérfana; pero sin ella, no podremos hablar de progreso verdadero... pues este no se alcanzará jamás si nos distanciamos de nuestra verdad interna, de nuestro foco de luz.
La relación entre la ciencia y la espiritualidad debería ser una relación de aceptación mutua y entendimiento verdadero. Es una insensatez por nuestra parte esperar la misma verdad, el mismo planteamiento por parte de ambas, porque se rigen por distintos protocolos de actuación.
Nuestra concepción del mundo y del existir está insuficientemente planteada. Se hace imprescindible despertar a las verdades eternas que configuran nuestro ser esencial, para que todo se reubique en más orden, justicia y plenitud... Son los requerimientos del nuevo paradigma, y es por eso que se va perfilando un nuevo modelo de ser humano y de ser en el mundo, donde el hombre no es un mero accidente biológico, sino una realidad que participa de la realidad inmediata al mismo tiempo que permanece vinculado a la esfera del espíritu.
18/1/12
ESPIRITISMO, SOCIALISMO Y OCULTISMO
En este artículo utilizaremos palabras clave como: Espiritismo, socialismo, socialistas utópicos, dialéctica, iluministas, franc-masones, etc.. dejando claro desde el principio, algunas cosas, entre ellas, que no estamos queriendo decir que todo espiritista sea –o deba ser- socialista (esto además no se sostendría por que como se sabe, el espiritista es ante todo, y por derecho, librepensador), ni tampoco que la masonería forme parte del Espiritismo..; nuestro único fin es intentar mostrar a los estudiantes del mismo, o interesados en general, los paralelismos históricos y teóricos existentes (no en la forma pero sí en el fondo) entre la doctrina de los Espíritus y el socialismo idealista de aquellos hombres que, en determinada época de la historia, sintieron la llamada de la unión y la lucha por los derechos que, desde centurias, le venían siendo negados al sector más amplio y necesitado de la sociedad.
Como no es un tema excesivamente divulgado y que puede despertar incómodas connotaciones personalísticas (oriundas de nuestro ego, aún no superado), utilizaremos la propia dialéctica espírita como método de entender las aparentes contradicciones y llegar a una síntesis, evitando que el dogmatismo ideológico impida la aproximación de lo que a primera vista, pueda parecer paradoxal.
Es indudable que el espiritista, tiene una labor más allá de las reuniones de estudio, mediúmnicas, etc., y esa labor es su participación en una sociedad de la que hace parte; es decir, en la familia, en la educación de sus hijos, en el medio laboral, la comunidad, etc, aspectos todos ellos inherentes al individuo como ser espiritual, social y político que todos somos.
Iluministas y franc-masones
En el s. XIX el ocultismo y la Teosofía se hermanaron con no pocos movimientos políticos de ideología liberal... Aunque tendríamos que remontarnos hasta 1766, con el nacimiento de una sociedad secreta paralela a la masonería: la Orden de los Iluminados de Baviera, para muchos, la primera muestra de unión entre el antiguo ocultismo de las sociedades secretas y los ideales humanitarios y utópicos que luego configurarán las características de lo que hoy conocemos como la "izquierda".
Augustin Barruel (1741-1828), sacerdote jesuita y periodista (fue quien denunció la mano de la Masonería como artífice de la Revolución Francesa), consideró la conjura de los iluminados como el ensayo general de la Revolución. Atisbos evidentes de esta suposición, se encuentran, sin ir más lejos, en la proclama Libertad, Igualdad y Fraternidad, divisa de la francmasonería; o que, el clima que se necesitaba para la Revolución Francesa se fue generando, como todos sabemos, en los años de la Ilustración (que es un movimiento de pensamiento iluminista) y la Enciclopedia.
Sea como fuere, el iniciado espiritista sabe que ninguna revolución, ningún cambio de ideas que provoque determinado movimiento humano, se debe a la influencia (visible u oculta) de un sólo elemento social, filosófico o político. Cuando suena la necesidad de cambio general, inscrita en la ley de Progreso, la Providencia divina “acciona” todos los componentes humanos sensibles o más receptivos a esta necesidad evolutiva, de tal manera que muchas “fichas” del momento social, se ponen en funcionamiento e interaccionan dentro del aparente caos.
En la masonería cabían todos los sistemas filosóficos con tal que no tuvieran un contenido católico. Predica la moral universal; Su religión es la de la Humanidad; su Evangelio, la Ciencia; su Dios, la Razón. Ya no se trata de construir catedrales de piedra como se hizo anteriormente, sino de edificar la “catedral” humana, el hombre ideal, para dar gloria al gran Arquitecto del Universo que es Dios.
Es de prever que la Iglesia viera en ella un peligroso y molesto enemigo que cuestionaba las bases de su hegemonía. León XIII en su encíclica Humanum Genus, puso de manifiesto que “las doctrinas religiosas, filosóficas y morales en que se inspira la masonería como tal, llevan a la negación de la existencia de Dios; a la negación de la misma moral; y abre camino al ateísmo, al panteísmo, al iluminismo, al espiritismo, etc.”
Hacia mediados del siglo XIX la creencia en la reencarnación traspasó el ámbito ocultista para difundirse en los medios del socialismo utópico. Sólo más adelante, la hegemonía del marxismo en el seno de la izquierda y su materialismo dialéctico (del todo opuesto a cualquier forma de espiritualismo), obró una depuración de conceptos y la eliminación de buena parte de los residuos místicos del socialismo.
Espiritismo y masonería
La masonería es una institución esencialmente caritativa, filantrópica, filosófica y progresista, fundada en el sentimiento de fraternidad; tiene como práctica la indagación de la verdad, el estudio de la moral, el combate de la superstición y la práctica de la caridad, y como objetivo: el mejoramiento intelectual y moral del ser humano. Aunque son dos movimientos distintos, en esencia, comparte con el Espiritismo muchos de sus planteamientos, sobre todo a nivel filosófico y moral. Esto es una realidad incuestionable.
Algunos autores sugieren que Allan Kardec fue iniciado en los principios de alguna logia masona, hecho nada extraordinario si consideramos los fines elevados que esta persigue y los ideales que latían en el futuro codificador de la doctrina espiritista. La Gran Logia Nacional de Francia, es fundada en 1848 y estaba compuesta por 8 logias. En esa época, casi todo aquel que se considerara progresista y/o apostara por un futuro mejor para la humanidad, era francmasón o, cuando menos, simpatizante.
No existe ningún tipo de disparidad en el supuesto de que Rivail adoptará los principios masónicos, aunque renunciara a todo formalismo, a todo aspecto de culto de la iniciación masónica una vez entregado a la causa espiritista. Algunos, recogen el hecho (probablemente nada aleatorio) de la estancia en París de Madame Blavatsky, en casa de Víctor Michal, magnetizador y espiritista, que fue quien la inició en el espiritismo y la ayuda a despertar sus facultades mediúmnicas. Este Michal, periodista de profesión, pertenecía a la masonería... igual que su amigo Rivail (alias Allan Kardec), por aquel entonces director del teatro de las Folies-Marigny, situado en la 33 rue de Le Peletier, en los Campos Eliseos.
Sin la pretensión de sentar argumentos concluyentes, señalamos a continuación notables paralelismos entre el Espiritismo y la filosofía masona:
- El Dios de los masones, “deístas” (como se auto definían, por cierto, no pocos espíritas españoles, como Amalia Domingo Soler) no es, en absoluto, el Dios Padre del catolicismo; sino el "Gran Arquitecto del Universo". Se trata de un Dios constructor del mundo, ordenador de la materia... No era un Dios personal y antropomorfo que juzga soberano desde el cielo. Lo entendían más como una fuerza superior, un “algo” (la 1ª pregunta del Libro de los Espíritus; “¿qué es Dios?”, sería técnicamente “masona”).
- La expresión “religión natural” utilizada por Kardec y otros espiritistas de la época, es una expresión netamente masónica.
- Para la masonería lo que vale no es la “gracia” sino la virtud.. y ésta, entendida en un sentido de auto-redención (autoreforma para los espíritas).
- La Caridad es, junto a la Fraternidad y la Verdad, una de las tres principales virtudes (Fuera de la caridad no hay salvación, es el emblema del Espiritismo).
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