Habida cuenta de que todo pasa por fases de desarrollo y evolución, una agrupación espírita (como de otro tipo de ideal) tampoco es ajena a esto. Antes o después, suena la hora de formar parte del grupo de una manera más integral, yendo mas allá de la simple asistencia (a veces sin mayor compromiso por nuestra parte), abarcando todos los aspectos del mismo y no solo en las actividades doctrinarias, sino también en su dimensión de funcionamiento interno: estatutos, organización, etc.
Por ello hay una serie de aspectos que sería positivo cubrir igualmente: como registro de libro de socios; asignación de algún tipo de cuota mensual, por pequeña que sea, que ayude a compartir gastos eventuales (fotocopias, hospedaje de algún ponente, cuota mensual del mantenimiento del local, adquisición de libros para la biblioteca, etc)...Todo esto es de naturaleza voluntaria, el objetivo es adquirir mayor compromiso y formalidad no relegando las cuestiones interno-administrativas, que aunque no están en 1º lugar en importancia (obviamente es más relevante el motivo esencial por el cual nos reunimos), no dejan de tener su significado y trascendencia.
Y por mucho que en algunos despierte insospechados recelos o sea una cuestión incómoda, tenemos que tener en cuenta que toda asociación humana que persiga unos fines (ya sean profesionales, artísticos, de desarrollo humano, etc) deja constancia legal de sus pretensiones..., a parte de que también es cuestión de sentido común organizativo, madurez y solidaridad entre sus miembros. Todo proyecto participativo y humano no se organiza por si solo, necesita la colaboración de todos. Así como un edificio necesita estar apoyado en sus cimientos, así como el alma precisa de la envoltura carnal para su evolución terrena, un centro espírita necesita poner al día su organigrama interno.
Los espiritistas somos idealistas prácticos, no podemos refugiarnos en una utopía ensoñadora, porque también debemos afrontar una organización, proyectos de grupo, gastos, etc., y no debemos ignorarlos.
La espiritualidad mayor avala (y apoya) la atención que prestamos a nuestro grupo; preocuparnos por legalizarlo, uniéndonos a la Federación que nos representa en nuestro país respectivo (sí, es más fácil “ir por libre”...pero quizá no es lo mejor), atendiendo al buen hacer y la aportación de sus socios, la redacción consensuada de su reglamento interno, etc, etc.
Por otra parte debemos poner mucho de nuestra parte para permanecer unidos, pues solo así estaremos capacitados para vencer las fuerzas contrarias que busquen la disgregación o el desánimo (que, a no dudar, de cuando en cuando tocarán la puerta). Toda agrupación o sociedad y, no podía ser menos, la que se diga espírita y esté imbuida del mensaje cristiano, debe prestar atención para que el espíritu fraternal prevalezca siempre.
La participación de todos y el esfuerzo compartido debe reflejarse sin duda también en el aspecto de organización interno. Kardec, asesorado por los Espíritus superiores, prestó mucha importancia a la constitución legal de un centro, así como la necesidad de los grupos de unirse mediante asociaciones, federaciones, etc.
Todo esto es un paso más para que el grupo esté aún más cohesionado y que, más allá de la mera asistencia pasiva, el centro espírita (que, ojo, no por acaso apareció en nuestros caminos) pase a ser parte de nuestro proyecto de vida, sirviéndonos como plataforma ideal para nuestro progreso.
Un grupo es un proyecto, con sus actividades y objetivos. Requiere una organización externa, pero también una estructura interna: legalización, estatutos, reglamento interno, actas de reuniones, registro de socios, etc.
Emmanuel

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