14/1/12

MEDIUMNIDAD


Y SUCEDERA EN LOS ULTIMOS DIAS, QUE DERRAMARE DE MI ESPIRITU SOBRE TODA CARNE; Y VUESTROS HIJOS Y VUESTRAS HIJAS PROFETIZARAN, VUESTROS JOVENES VERAN VISIONES, Y VUESTROS ANCIANOS SOÑARAN SUEÑOS (Hechos 2:16)



Estas palabras del profeta Joel recogidas en la Biblia no hablan de un momento concreto que pasará en el futuro… pues ya empezó a ocurrir con las primeras manifestaciones espiritistas de mediados del s XIX (que prepararon la llegada de la doctrina espírita), ocurre ahora… y se perfeccionará aún más en el porvenir, puesto que más que una simple profecía es la afirmación de la ley del progreso. Decimos esto porque la evolución, al igual que alcanza al cuerpo, también alcanza a la mente; es decir, que nuestro psiquismo también evoluciona… se van afinando las percepciones del campo mental

La mediumnidad es patrimonio biológico-psíquico de todos, y un avatar como Jesús sabía que el hombre con el paso de las edades desplegaría un mayor patrimonio mental  que lo auxiliaría en su desarrollo integral, al mismo tiempo que le haría conectar con mayor fluidez con las corrientes de la vida superior.
El pueblo hebreo anterior a la llegada de las castas sacerdotales del Sanedrín tuvo sus profetas, (lo que es lo mismo que decir sus “médiums”), y sobre estos inspirados se expresó la voluntad del Mundo Espiritual y, entre otras cosas, fue anunciado el Mesías siglos antes de su venida. 

La Iglesia, que tanto ha perseguido en lo que por superstición ha entendido como “brujería” o “señales del Diablo”, ha ignorado siempre que todos los hechos de Jesús y los profetas descansan sobre el fenómeno mediúmnico, es decir sobre los fenómenos de la comunicación con Espíritus y las manifestaciones de ese “Más Allá”, siempre tan próximo a nuestra realidad. La referencia del apóstol Pablo sobre la “diversidad de los carismas”, contenidos en su primera epístola a los corintios, hace mención a las diversas formas (carismas) de la capacidad mediúmnica, demostrando que en los primeros siglos del cristianismo, los apóstoles y los seguidores de Jesús utilizaban la mediumnidad y la comunicación con los Espíritus.

Epistemológicamente hablando podemos trazar un paralelismo psíquico que parte de los pueblos celtas y esa religión natural que tenía por templo la profundidad de los bosques, continuar con la religión “oculta” (misterios, esoterismo y sociedades secretas) al margen de aquella otra oficial y a menudo perseguida por los celosos guardianes de la ortodoxia, y así llegar hasta las reuniones mediúmnicas según las directrices elevadas de la Doctrina de los Espíritus, donde el viejo impulso nervioso que conecta a los dos mundos, se educa, se disciplina sirviendo de hilo conductor para el ajuste y posterior reconciliación de las almas, así como la elevación del ser mediante la purificación de su campo mental (pensamiento positivo, sentimientos constructivos, estudio, etc).

Otra de las obras imprescindibles de la codificación espiritista, El libro de los médiums, explica las diversas formas de mediumnidad: psicografía (comunicación de un espíritu a través del médium por medio de la escritura), psicofonía (a través de la voz), inspiración, efectos físicos, sanación, etc, etc. Esta obra es el gran tratado sobre los fenómenos del psiquismo, y forma parte de la Revelación espiritista que, en 1861, extrae toda la fenomenología hasta el momento refugiada en los oráculos y los misterios iniciáticos, ofreciéndosela al hombre contemporáneo amante del estudio y el conocimiento de nuestras potencialidades internas.

El espiritismo explica todos los aparentes fenómenos relegados al terreno de lo oculto y lo milagroso, y lo hace como lo que en realidad son: efectos naturales que, aunque no admitidos por la ciencia académica, forman parte de leyes reales que están insertadas en la misma naturaleza, siendo esta todo un laboratorio de manifestaciones, mensajes, etc., que trascienden la mera comprobación instrumental de aquellos (convengamos) presuntuosos científicos limitados por la concepción mecánica del universo.

El estudio y tratamiento de la obsesión espiritual es una de las principales aportaciones de la parte experimental de la doctrina espírita, que reúne toda una prevención y profilaxis de un sinfín de neurosis y enfermedades mentales del todo insalvables por la ciencia materialista. El espiritismo muestra la clave para resolver o al menos, paliar, estos problemas que alcanzan a tan amplio espectro de población mundial, pues señala al factor espiritual como agente oculto que subyace en casi todos los casos de disturbio mental, depresión, suicidio, etc.

Sin duda, mucho dolor y desequilibrios varios se podrían evitar si se tuviese en cuenta el hecho de que el hombre de hoy ya vivió en otro tiempo del pasado, y que con frecuencia, los efectos del comportamiento desajustado de su pretérito forman parte de los contenidos inconscientes de su ser actual. 

Las propuestas consoladoras de la doctrina espírita realizan en silencio y desde hace mucho tiempo el estudio y tratamiento espiritual de los desequilibrios obsesivos de causas desconocidas, haciéndolo mediante las reuniones de mediumnidad puesta al servicio del bien y la paz, llevando a cabo aquí toda una labor de bienestar social que, sin embargo, la ciencia no podrá resolver jamás manejando solo el enfoque materialista.

Las reuniones de contenido mediúmnico son un ejemplo práctico de lo que el hombre logra cuando contacta con su naturaleza superior y la dirige hacia objetivos elevados.

ITU SOBRE TODA CARNE; Y VUESTROS HIJOS Y

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