“Si me amáis, guardad mis mandamientos. Y rogaré a mi Padre y él os dará otro Consolador, a fin de que quede eternamente con vosotros: El Espíritu de la Verdad que el mundo no puede recibir, porque no lo ve y no conoce…”
(Juan, 14:15 a 17)
Jesús prometió una nueva revelación a sabiendas de que su mensaje original sería solapado por la manipulación religiosa del culto institucionalizado. Por ello, la manifestación futura del mensaje crístico (aquella que recordaría la pureza de su mensaje original y a la vez la completaría) no podía ser asimilada por la mente y el contexto histórico-social de los hombres de hace 2000 años, haciéndose necesario que trascurriesen los siglos, se depuraran las costumbres y el progreso iluminara con nuevas luces el pensamiento para que la promesa del Consolador tomara forma en el mundo, haciéndolo a través de la Doctrina de los Espíritus: una ciencia y filosofía universales, un ideal espiritual sin templo ni sacerdotes.
Como todo mensaje superior necesita tomar forma en el mundo de los hombres, precisa, por lo mismo, de una o varias mentes escogidas de las encarnadas entre los hombres para conducir las ideas elevadas del Mundo Espiritual y hacerlas llegar al escenario terreno. La Tercera Revelación se distingue de las anteriores por no descansar en un líder espiritual ni ser circunscrita a un pueblo o país. El Espiritismo fue anunciado por muchas “voces” en todos los rincones del mundo a lo largo de la 2ª mitad del s. XIX (las voces de los Invisibles, nuestros hermanos de la Luz y del Progreso). Esto se hizo primeramente mediante las manifestaciones espiritistas (mesas parlantes, apariciones ectoplásmicas, etc) actuando como llamada de atención de curiosos e investigadores, y después, mediante la sistematización de este mensaje superior para que tomara cuerpo doctrinario (y pudiera llegar a muchos a través del estudio y la reflexión del mensaje escrito) a través de la codificación hecha por un alma elegida, un pedagogo y humanista conocido que adoptó el pseudónimo de Allan Kardec.
El Consolador, como Espíritu de la Verdad, anunciado por Jesús antes de finalizar su ministerio, es aquello que regresaría en Su nombre para dar a la humanidad el conocimiento de su origen, de la necesidad y sentido de su estancia en la Tierra y de su destino como ser inmortal. Es una oportunidad inmensa para nuestras almas el conocerlo y estudiarlo (especialmente en estos tiempos de transición), esparciendo por todos los lados el consuelo que viene de la fe y de la esperanza.
Así como la revelación cristiana sucedió a la revelación mosaica; la revelación de los Espíritus vino a completarla. El Espiritismo es, pues, según los propios Espíritus superiores, el Consolador prometido por el Cristo.
Si, de un lado, el Espíritu de la Verdad se presentaba a los hombres, al frente de elevadas Entidades espirituales, que volvieron a la Tierra para completar la obra de Cristo, de otro Kardec se ponía dispuesto, al frente de criaturas espiritualizadas, dispuestas a colaborar en la inmensa tarea. Se cumplía, así, una promesa de Cristo, por medio de todo un inmenso proceso de madurez espiritual del hombre.
(<<Estudio sistematizado de la doctrina espírita>>, lección 7)

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